lunes, 28 de abril de 2008

El Agua de las Espadas VII


La mirada del Defensor decía a gritos cómo demonios sabes mi nombre. Pero en seguida sus ojos se cerraron bruscamente, empujados a medias por el miedo, a medias por la esperanza. Aunque nunca conoció a su padre – muerto en batalla junto al padre de Julius – su madre le contó muchas veces su ceremonia del himeneo. Ella, sacerdotisa del Meteorito como Némesis, vio al gallardo padre del Defensor, y supo. Las poderosas fuerzas de la naturaleza se hicieron primero pensamiento, luego runas y finalmente se condensaron en un nombre escondido. Luego le tocó a él la parte más difícil de la ceremonia.

El Defensor sintió que llegaba su momento. El zygornix los miró extrañado. La espada negra atravesó limpiamente el cuerpo de la vestal, que se desplomó sonriendo. No había tiempo que perder. El Defensor, desde entonces desposado, la besó en la hierba y bebió de su sangre. Luego la desvistió y le devolvió la vida con su semilla sagrada. La vestal fue recuperándose mientras sentía que un nuevo Defensor estaba en camino. Lo que no estaba tan claro es si quedaría algo que defender.

jueves, 24 de abril de 2008

El Agua de las Espadas VI


El día se presenta aciago para Némesis, la más joven vestal de la Ciudadela. Sabe que, por razón de su edad y su belleza, el destino le reserva el insaciable abrazo del Rey Acher, si la fortaleza cae. Han llegado a sus oídos habladurías sobre la violenta virilidad del tirano, pero no es tal el mayor de sus temores. Si la fortaleza cae, sucumbirá también el Último Defensor, a quien todas las noches ama en secreto y en su febril imaginación. Némesis ha salido de incógnito del templo y de la Ciudadela para dar el que quizá sea su último paseo en libertad. Se sobresalta al ver a su hermano Torik junto al río, corriendo al encuentro del zygornix, que desciende con una destreza inverosímil para una criatura de su tamaño. Torik es tan intrépido como temerario, firme en su imposible empeño de convertirse en Defensor. Nadie se ha atrevido a explicarle todavía que el puesto sólo puede heredarse de padre a hijo, y al soldado que turba los sueños de Némesis no se le conoce descendencia. Oculta entre los papiros y los enormes juncos de la ribera, Némesis observa la escena. Ni siquiera el fabuloso zygornix consigue distraer su atención, centrada en la poderosa figura del Defensor. Nunca antes había estado tan cerca del dragón y su jinete, sólo una vez cruzaron sus miradas durante una ceremonia en el templo. Espera a que su hermano se marche, deprisa como el viento en pos de su misión. El Defensor otea el cielo con desgana, como si en lugar de buscar una señal divina sólo quisiera certificar su ausencia. Julius, cuyos sentidos draconianos le mantienen siempre en guardia, alza entonces su cabeza de titán, alarmado. La perfecta Némesis, en contra de las enseñanzas de toda una vida dedicada a la oración, avanza hacia el río y grita con voz cristalina pero férrea el nombre prohibido del Defensor.

martes, 15 de abril de 2008

El Agua de las Espadas V


Mientras el zygornix abrevaba en el río casi con el ánimo de secarlo, el Último Defensor se entrevistaba con un muchacho. Los rizos oscuros no disimulaban una cara llena de humo y costras de barro mezclado con sangre. ¿Podrás hacerlo, Torik?, le preguntó. El niño sonrió y dijo: siempre será más fácil quemar la cosecha que sembrarla y recogerla. Pero… el año que viene… ¿qué pan comeremos? El Defensor puso una mano sobre su hombro y le dijo: sólo habrá mañana si cortamos las líneas de suministro. Si no lo hacemos, no estaremos aquí en la próxima siembra. Torik quedó pensativo y al final susurró: si salimos de ésta, ¿me dejarás montar a Julius?

viernes, 11 de abril de 2008

El Agua de las Espadas IV


Los cuatro mil infantes del Reino Unificado de Acheronta marchan en perfecta formación de falange. Las innumerables máquinas de guerra dan a su retaguardia el aspecto de un acantilado rugiente y voraz que absorbiera el mar a su paso. El día anterior fue un día de gloria y destrucción, y éste se presenta con un amanecer rojo, listo para el sacrificio. Meleas, sin embargo, no las tiene todas consigo: su afilada vista de veterano adivina sombras sobre la Ciudadela, nubes ahora débiles pero que se irán condensando durante la mañana. El capitán Meleas de Achelonia ha sobrevivido a suficientes inviernos como para recordar la Profecía: "el sol rojo se perderá entre las nubes, y de ellas surgirá el último zygornix que apagará la furia del rey de los hombres". Tres lunas antes, el ejército de los cuatro mil acampaba al otro lado de las montañas, preparándose para tomar el valle ahora desolado. La soberbia del Rey Acher, agasajados sus oídos por el Consejo de los Siete, ignoró la petición de sus lugartenientes para sitiar la Ciudadela en lugar de atacarla frontalmente. En un postrer intento por invocar la prudencia en el ánimo de su señor, Meleas deslizó la leyenda del zygornix para sólo obtener el desprecio altivo del Rey y la burla de los Consejeros. En el Reino Unificado de Acheronta apenas nadie cree ya en dragones.

martes, 8 de abril de 2008

El Agua de las Espadas, III


Pocos escalones le bastaron para llegar hasta los establos. El zygornix le esperaba, ensillado y anhelante. El Defensor, con la espada en la mano pero con el ánimo negro como las alas de la bestia, puso el pie en el estribo y se alzó. El zygornix le dijo: ¿sangre y humo, mi señor? Contestó: sangre y humo, Julius. Vamos a hartarnos de sangre y humo antes de que el día acabe. El animal, sonriendo, alzó el vuelo y se escondió con su jinete entre las nubes.

lunes, 7 de abril de 2008

El Agua de las Espadas II


Como Defensor de la Ciudadela, su vida estaba vinculada a aquellos muros como lo está la salamandra al fuego, más aún, como la de un esclavo a su señor. Según el Oráculo, la Ciudadela se mantendría firme hasta el fatídico día en que el último de la estirpe de los Defensores cayera. Y ese día estaba ante él: ocre, lleno de nubes como cuervos, el cielo la imagen postrera con la que se cerrarían sus ojos yertos. Aún es pronto: el enemigo avanza pero faltan horas para que alcance el Círculo Exterior.

sábado, 12 de enero de 2008

El Agua de las Espadas I


El guerrero miró por sobre las almenas y vio arder todas las tierras en litigio. Desenvainó su larga espada forjada con la materia negra del Meteorito y bajó pesadamente los escalones.