
La mirada del Defensor decía a gritos cómo demonios sabes mi nombre. Pero en seguida sus ojos se cerraron bruscamente, empujados a medias por el miedo, a medias por la esperanza. Aunque nunca conoció a su padre – muerto en batalla junto al padre de Julius – su madre le contó muchas veces su ceremonia del himeneo. Ella, sacerdotisa del Meteorito como Némesis, vio al gallardo padre del Defensor, y supo. Las poderosas fuerzas de la naturaleza se hicieron primero pensamiento, luego runas y finalmente se condensaron en un nombre escondido. Luego le tocó a él la parte más difícil de la ceremonia.
3 comentarios:
Bravo!! qué buen giro a la trama... esto empieza a parecer un relato dark fantasy, oigo ecos de Moorcock y su Elric de Melniboné... y tu nueva entrega también tiene reminiscencias vampíricas, parece.
Es el turno del veterano Meleas.
Voy a tener que dejarlo para la semana que viene, me voy de viaje esta tarde.
No problem
Publicar un comentario