
¡Capitán, vuelve el dragón, y ahora lleva a un jinete!, grita el achelonio de vista más aguda, apostado en la improvisada atalaya de una enorme catapulta. El Regimiento de Meleas permanece en la retaguardia, desobedeciendo las órdenes de ataque frontal sobre el enemigo. Os lo dije, su empeño es acabar con el Rey, y para ello necesita del brazo de un Defensor. Así dice la Profecía, como también dice que sólo la muerte del último jinete abrirá las puertas de la Ciudadela.¡Es el momento de avanzar! Meleas conduce a sus hombres, a toda carrera, hacia la posición ocupada por el séquito real. El primer ataque del zygornix fue devastador, no tanto por las bajas causadas por sus garras y su fuego como por la monumental embestida que derribó la gigantesca torre de asedio. Sin ella, las tropas del Rey Acher poco pueden hacer para asaltar la Ciudadela, poco más que procurar el lento desgaste de los muros agujereados por catapultas. De las almenas no sólo cae el mortal oro alquímico, también los débiles soldados alcanzados por la lluvia de flechas y las bolas incendiarias de los atacantes.
Julius ruge y acumula fuego en sus entrañas. El Defensor sacia la sed de su espada negra. Cada estocada y cada zarpazo abren una brecha de cadáveres que enseguida se cierra con nuevos enemigos. Los cuatro mil parecen infinitos. Julius se eleva para esconderse entre las nubes. El Defensor sostiene ahora la lanza de caballería aún cubierta por la sangre del Sumo Consejero. El descenso es vertiginoso. La presión se acumula en las sienes del Defensor, pero nada puede distraerlo del golpe definitivo.
¡Nunca antes, sólo a mi señal, y volveremos a ser libres!, exclama el Capitán Meleas de Achelonia con la doble ballesta mirando al cielo. Sus hombres y él parecen ser los únicos que advierten la veloz trayectoria del dragón. Julius pasa sobre sus cabezas y la lanza del Defensor vuela hasta atravesar el pecho del confiado Rey Acher. Acto seguido, decenas de dardos acribillan a la guardia real y a los Consejeros. El proyectil disparado por Meleas, en cambio, encuentra diana en la espalda descubierta del Defensor.





