miércoles, 7 de mayo de 2008

El Agua de las Espadas IX


Némesis pensó que nada podría ser más emocionante que volver a la vida entre los brazos de un Defensor mientras en su seno surgía otro. Pero la naturaleza humana es voluble y olvida pronto; sus sensaciones eran casi tan intensas mientras volaba a la caída de la tarde por sobre los campos de oro, su propia melena dejando un rastro en el cielo, sus manos cerrando la cintura del Defensor, las piernas a horcajadas sobre Julius. Cuando sobrevolaron el campo enemigo, sintió en sus entrañas la llamada desesperada de su hermano. Tienen a Torik. Lo sé, contestó él. No puedo hacer nada. He de volver a la Ciudadela a pasar revista de las tropas acantonadas. Ella suspiró y dijo: debería haber supuesto que me ibas a pedir sacrificios aún mayores. Él apretó los dientes. Si algo le pasara a Torik… no me lo perdonaría. Pero el plan está en marcha. No todos los que vienen con el Rey son de su calaña. Es nuestra última esperanza.