
Némesis pensó que nada podría ser más emocionante que volver a la vida entre los brazos de un Defensor mientras en su seno surgía otro. Pero la naturaleza humana es voluble y olvida pronto; sus sensaciones eran casi tan intensas mientras volaba a la caída de la tarde por sobre los campos de oro, su propia melena dejando un rastro en el cielo, sus manos cerrando la cintura del Defensor, las piernas a horcajadas sobre Julius. Cuando sobrevolaron el campo enemigo, sintió en sus entrañas la llamada desesperada de su hermano. Tienen a Torik. Lo sé, contestó él. No puedo hacer nada. He de volver a
1 comentario:
dame unos días...
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