
El rechinar de los colmillos de Julius podía tomarse tanto como un signo de impaciencia como una mera burla. El Defensor pasaba revista a sus tropas, un puñado de hombres que había vivido demasiado o demasiado poco. Producía una sensación extraña el observar aquellos zarrapastrosos bajo la perenne sombra de las estatuas de sus antepasados. La diosa Degeneración acampaba en
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