jueves, 13 de diciembre de 2007

Acheronta - siete



LeTrauxelle

En aquel instante yo seguía con mi mano derecha en el bolsillo, agarrando con fuerza el diamante. Sentí como el calor crecía dentro de él hasta casi abrasar mi mano. Pero no ocurría de la misma manera que con los huevos de dragón; mis dedos se abrasaron como lo hacen los de un leñador que acaricia su hacha helada a cincuenta bajo cero.

Después todo sucedió con una temporalidad muy extraña. En un momento dado Edgar me miraba; ningún tiempo después miraba al albano. Y en medio de estos dos hechos, acaeció lo que otra parte de mi cerebro mediría en horas.

Todas las personas que estaban en la sala fueron ralentizando su existencia, hasta que quedaron congelados en poses ridículas. Y cuando hablo de estatuas congeladas en instantes absurdos sé de que hablo. Mi lago puede dar cuenta de todo eso.

Como si las ventanas se abrieran bruscamente para el más infernal de los huracanes me sentí impelido hacia la mesa donde Phylbis y Doris miraban el testamento con la fijeza que da la no existencia. Me introduje – me introdujeron – por la boca de ésta última y me fui paulatinamente rompiendo en los cien millones de pedazos de mi esencia. Cada uno de mis átomos entró en simbiosis con las células de Doris, en una suerte de interacción cuántica que me produjo el más intenso de los orgasmos y a Doris la agonía más espantosa que imaginarse pueda: sentir cómo desde lo más profundo de ti mismo la guadaña de la muerte va rajando tu interioridad y sale con tus tripas azules en una suerte de guirnalda.

Sé que ella lo vivió así. Al recuperar mi corporeidad, observé que en su cadáver no quedaba rastro de agonía.

Edgar ha vuelto a mirarme, el diamante se enfría lentamente.

10 comentarios:

José L. Muñoz Expósito dijo...

Continúa el que quiera (o se atreva)

Anónimo dijo...

¡¡NO los puedes matar a todos!! Dios, Edgar, manifiéstate y párale los pies!!

Julio Abelenda dijo...

No los (nos) mata, sólo los (nos) congela... Me ha interesado el giro cuasi-cienciaficcionero, esa fusión cuántica de n elementos etc.etc. como método de asesinato... Audaz, desde luego. Ahora, ¿qué hace mi mentalista albanés (no albano) con el cuchillo ensangrentado? ¿Cómo llegó esa reliquia (otra reliquia, como el diamante) a sus manos? ¿Quién es la presencia que se apareció ante él? ¿Y cómo llegó el canadiense huraño a las tripas de Doris? Demasiadas preguntas, que el más que valiente continuador deberá encargarse de contestar (o, más probablemente, obviar contando lo que le dé la gana, jeje).
Yo también creo que debería encargarse Malaletra, teniendo en cuenta que "su" Edgar está claramente metido en todos los fregaos... Por cierto, me encanta la imagen que has usado, José Luis. Aunque la asociación con la trama sea algo más que vaga, jeje...
Let´s go on.

José L. Muñoz Expósito dijo...

No me parece una asociación vaga. Edgar es el inductor, "me mira", LeTrauxelle es el asesino (controlado por Edgar) y el albano se da cuenta. ¿Seguro que no cuadra? Además se demuestra el poder del ojo de Shiva. ¿Qué más queréis?

Julio Abelenda dijo...

Me refería a la imagen "literal", al cuadro que has puesto como ilustración de tu entrega. Ahí es donde veía una asociación vaga. Por lo demás, por supuesto que el texto está bien hilado con todo lo anterior.
Por cierto (leve sugerencia a quien siga)... Al hilo de todo esto de las reliquias (el diamante, el cuchillo) y tu metáfora de la "guadaña de la muerte que va rajando tu interioridad"... Se me ocurre que de alguna manera éste sea un asesinato doble: la mano ejecutora es la de mi albanés, que empuña un cuchillo salido de nadie sabe dónde (aunque fijo que hay una cámara secreta en la mansión donde se guardan las reliquias)... Pero, por oscuras razones (quizá afinidad de reliquias), Le Trauxelle, que acaricia el ojo de Shiva, es "fundido" (cuánticamente) con la materia del cuchillo, de manera que siente la oscura emoción de adentrarse en entrañas ajenas (algo que describe como "orgásmico") mientras sabe que con ello está segando la vida de otra persona... Si el canadiense, ya de por sí predispuesto a "lo chungo", no sale trastornado de esta experiencia...
Vale, suena más a "Asesinato en el Orient Express" (aka "entre todos la mataron y ella sola se murió") que a "Diez negritos"... Si a alguien se le ocurre algo más preclaro...
Por cierto, ¿nadie se anima a seguir? ¿Javi? ¿Klyendhar?

José L. Muñoz Expósito dijo...

Creo que es Edgar el inductor: obliga al cuchillo (Albano y Romina Power) y al alma del cuchillo (LeTrauxelle)

Julio Abelenda dijo...

Yo prefiero pensar que Painsworth tiene algo que ver en todo lo que está pasando... Y no me fío nada, pero nada, de Philbys. Una pena que nadie haya cogido aún ese personaje... O quizá no. Así puede seguir siendo el "tapado" (¿el Atleti?), y en cualquier momento asestar el golpe definitivo.

Otra cosa... Edgar, con sus pases de hipnotizador... ¿invoca las sombras, para posibilitar el asesinato, o despeja las sombras que "otro" ha invocado, para ahuyentar el peligro? Tendremos que pensarlo...

(Por cierto, ¿dónde narices anda Edgar?)

Agustín Lozano de la Cruz dijo...

Desde un principio entendí que quien comete el acto criminal es el albano-albanés-albino y Le Traqueteux se limita (?) a realizar un viaje cuántico por el cuerpo agonizante de la víctima.

Pero es cierto que el personaje de Julio atribuía su crimen a la voluntad del difunto Painsworth, y ahora parece que Edgar también tiene algo que ver. Lo más adecuado sería que el propio Edgar aclarase la situación.

JL: muy bueno y muy breve, así que dos veces bueno.

L Malaletra dijo...

Recien salido de un trance opiaceo, Edgar se dispone a imprimir los diez folios de acheronta para enterarse de que va esto. Espero que las claves no estén en los comentarios, porque entonces me va a costar sangre ponerme al día.
Lo intentaré o condenaré al Edgar al suicidio. Otra posibilidad es que sobre la isla caiga una bomba atómica experimental de los estados unidos....
Mientras tanto, podeis ir incluyendo cositas.

José L. Muñoz Expósito dijo...

Pues me temo que sí que algunas claves se aclaran en los comments...