lunes, 17 de diciembre de 2007

Acheronta 8



Edgar II

No está despierto, pero tampoco duerme.
Envuelto aun en su traje oscuro, que comienza a arrugarse, permanece tumbado junto al bastón de caoba. La habitación se espesa con el humo denso de las amapolas. Parece mirar, desde un lugar entre la vigilia y el sueño, la superficie brillante de un recipiente de jade que sostiene entre los dedos. Las vetas de color se confunden como los recuerdos de esa tarde que precedió al insomnio, a la mariposa nocturna que enlenteció su pesado vuelo hasta congelarse inmóvil sobre la cortina aterciopelada que ciega las ventanas. Acherontia atropos. En el piloso dorso del torax se dibuja el mapa de una isla que remeda una calavera ocre de grandes ojos vacíos.
Todo detenido, Edgar sobre la cama, la pipa que ha dejado de humear, la bola de opio enfriándose, la enorme polilla, el tiempo, el corazón negro de Midath Kadaré, una vejiga seca de falsas sedas orientales... Y la metálica silueta de la Luger sobre la mesilla de noche, perfecta y hermosa como solo las armas pueden serlo.

Edgar vuelve a escuchar el estruendo del viento reventando los cristales, convirtiendo en un caos de vidrios rotos y jirones de tela el gran salón de Painsworth. Las bocas abiertas de espanto de los invitados, el gesto de dolor aterrorizado de la furcia de Doris, la mortal soberbia de Kadaré esculpida en un puñal ensangrentado, la excitación de La Trauxelle que esconde un secreto que le quema.
Quizás la sombra fuese algo más que un poco de viento, unas luces apagadas o la muerte de unas velas.

No está despierto, pero en una rendija de lucidez Edgar recupera el instante en el que empuñó su Luger (esa dulce sensación de seguridad anidada en la culata del arma) y despacio, como una torpe pero decidida zancuda, se aproximó a él y apoyo lentamente el cañón en su cabeza. Estás muerto idiota, recuerda haberle dicho. Apretó el gatillo. Midath quizás no muriese de inmediato. En su frente un chamuscado tercer ojo de 9 mm. LaTrauxelle se acercó a Edgar, como expulsado de un trance íntimo, con la intención de desarmarlo, pero bastó una leve mueca de sus cicatrices para hacerle comprender: “Usted, animal canadiense, iba a ser el siguiente.” Eso cree haberle dicho.
Lo que si recuerda Edgar con seguridad, antes de ser nuevamente tragado por la oscuridad sin fantasmas del opio, es la nota manuscrita encontrada entre las páginas del Vigiliae Mortuorum que sustrajo de la biblioteca:

“Tu mano precipitará la Caída”

Y la letra era, indudablemente, la de Lord Painsworth.
Dios lo tenga en sus infiernos.

7 comentarios:

L Malaletra dijo...

Problemas con las ilustraciones que intentaré solventar más tarde (no se cargan o no se ven....)

Julio Abelenda dijo...

Bueno, te cargaste a mi personaje, no me quejo porque yo hice lo propio con el de Javi, jeje, pero sólo espero que escribir no sea para ti un test psicoproyectivo, porque no es la primera vez... A este paso no va a quedar ni el bueno (¿bueno?) de Philbys. Más que diez negritos esto va a ser Rambo 4.

(Aunque aviso: dada mi desvergüenza habitual y mi desprejuicio hacia el fantastique, no descarto seguir usando este personaje -tercer ojo incluido-, doquiera que ahora se encuentre).

Falta que designes a tu sucesor en la tropelía...

Rebis Dos Mil Siete dijo...

Esperemos que dentro de dos entradas quede alguien vivo. Si no, nos veremos obligados a continuar el relato en el anillo del infierno donde (sin duda) se encontrarán esta pandilla de depravados...

José L. Muñoz Expósito dijo...

Continuar? Y si nos suicidamos todos, hacemos un gang bang in the hell y nos inventamos otro juego? Tampoco es cuestión de eternizar el relato. No veo que esto necesite ir más allá de acheronta diez o acheronta once. ¿Cómo lo veis?

L Malaletra dijo...

Quizas demasiado pendientes de la trama, estamos perdiendo la perspectiva de lo que hay de escrituraen cada entrega.
La trama, como suele ocurrir en estas divagaciones, es desconcertante, incongrunte, irresoluble.
Pero creo que han aparecido en las entregas buenos personajes y algunos hallazgos interesantes; también errores (literarios) mayúsculos (los menos).
Mi impresión hasta aquí es que podemos emprender algo más estructurado con éxito -siempre en horizontal-, y que como calentamiento no está nada mal.

Edgar quiere que toda la decadencia de esta segunda casa Usher se venga abajo de una u otra manera, con gemas psicotropas o sin ellas.
Eso es lo que finalmente parece impulsarle (desde los efluvios pútridos del Lord). Ha reconocido al maligno o su influencia en el portador del cuchillo y lo ha ejecutado. Sabe que Letrauxelle puede ser su cómplice como director de la Caída.
La dispersión de la trama y la aparente presencia de elementos sobrenaturales (que nada me interesan) permite concuir como y cuando queramos.
De hecho, una flota de platillos volantes de la quinta dimensión se aproxima desde la constelación de Urano con animuis jocandi...

L Malaletra dijo...

Sucesor: Agustín

Id proponiendo nuevos experimentos, dejando claro desde el principio algunas coordenadas temporo espaciales y de género literario así como un inicio de la historia.
[¿es esta propuesta lo suficiente horizontal?]

Agustín Lozano de la Cruz dijo...

Si os parece podemos concluir el relato al final de esta segunda vuelta, es decir, después de mi entrega quedaría Javi y punto y final.

Espero tener lo mío de aquí al viernes.