lunes, 10 de diciembre de 2007

Acheronta, seis


Malditos sean. Que acaben ya con esto, que hagan el reparto de baratijas de una vez. Estúpidos diletantes, ensoberbecidos, pomposos. Toda mi vida actuando para ellos, divirtiéndolos, un bufón vestido de sedas orientales que adivinaba sus pequeños secretos, leyendo sus vacuos pensamientos para deleite de envarados caballeros y grotescas damas de risa estridente. Y siempre conteniendo la náusea, el vómito metafísico de asomarme a tan mezquinas entrañas, abismos de ponzoña de los que luego tanto me costaba limpiarme. Mi don, mi castigo. Para ellos, sólo el Gran Midhat, el Mentalista, la sensación en toda Gran Bretaña, venido de Oriente para levantar los faldones de las mesas y las alfombras y destapar los cadáveres que dormían debajo.
Nada mal, para alguien tan europeo como ellos. Si supieran de mi infancia en Portsmouth, nacido en una familia de inmigrantes albaneses de los que tomé el tono parduzco de mi piel, y una lengua lo suficientemente exótica para que a la mayoría le produjera pereza rastrear su origen. Sólo Alistaire supo de mí realmente, sólo yo me pude considerar su amigo. Para él era Midhat Kadaré, un par, alguien a quien confiar los más oscuros secretos, más allá de todos los ropajes de misterio y esoterismo con los que se vestía frente a tanto falsario como envenenaba la alta sociedad europea del periodo de entreguerras. Tanto falsario como los que se reúnen hoy en torno a su mesa, dispuestos a devorar lo que quede del cadáver. Tanteo sus mentes, no puedo evitar hacerlo, es una compulsión, un acto reflejo. Algunos tienen meras ambiciones económicas, sabida es la gran fortuna de Painsworth, su valiosa colección de arte y antigüedades por las que se pelearían los más prestigiosos museos. Otros ambicionan riquezas más esquivas, posesiones intangibles, influencias que les permitan encarar desde una posición más elevada la incertidumbre que se extiende por el siglo. Varios arden de deseo de poder, un poder oscuro que llene el vacío de sus almas, su irrefrenable ansia de trascendencia (entre ellos, la bruja de Doris Lovelock, o Doris Lovecock, como la llamábamos jocosamente Alistaire y yo refiriéndonos a su avidez amatoria, que tantos de los ahora reunidos pudimos comprobar en nuestra maltrecha carne). Si supieran lo ridículo de sus esfuerzos, lo infantil de sus búsquedas frente a la incalculable grandeza del auténtico Conocimiento… Me imagino a Alistaire riéndose en su lecho de muerte, con esa risa extraña que aún temo oír a veces, maquinando entre estertores ésta su última broma, su carcajada póstuma frente a la estupidez humana que tan bien conoció, que tanto inspiró los más satánicos de sus actos. Imagino también al hierático Philbys tomando nota cuidadosamente de la última voluntad de su señor, mientras la voz de éste se apagaba para siempre, sumiéndose en la más ignota cloaca de la existencia.
Siento algo parecido a la ternura.
Philbys calla ahora, mientras Doris se dispone a leer con labios ávidos. No puedo penetrar en la mente del mayordomo, nunca pude, creo que ésa fue la razón de que Alistaire lo retuviera tantos años a su lado, como si necesitara tener un confidente absoluto, alguien que encerrara en su mente las abominaciones más espantosas que hiciera su señor, cosas de las que ni yo mismo tengo noticia. Phlbys siempre tuvo un temple admirable, calló y consagró su vida al silencio, pero la huella de aquello que vio o debió de ver le arruga y deforma el rostro de manera implacable, como un moderno retrato de Dorian Gray que absorbiera toda la depravación de su dueño. Junto a él, tampoco puedo penetrar en la mente de Edgar. La vela una especie de nube negra, casi materialmente visible sobre su cabeza, su rostro en el que el lado herido se hunde en las sombras como si a ellas perteneciera. Me inquieta Edgar. Como a todos en la sala. Todos parecemos esperar un movimiento súbito de él, un simple gesto con el que, imaginamos, liberaría toda una jauría de sombras sobre nosotros. Pero él simplemente calla, con esa sonrisa que, en el lado oculto de su rostro, nadie sabe en qué horrible mueca se tuerce.
Al fin Doris habla, con su voz cascada, ronca de deseo… Entonces la Sombra se cierne. Se hace la Oscuridad, literalmente: la mañana nublada y gris se opaca de pronto, se desvanece en jirones, y una negrura absoluta la sustituye como un mar de tinta volcándose en la escena. No puedo ver nada, apenas intuir la presencia de mis compañeros, sentir sus auras convulsionarse, sus mentes llenarse de confusión y pánico. La actriz chilla (creo que es ella), la frase que Doris dejó a medias se le queda obstruida en la garganta con un gorgoteo, alguien inicia un movimiento absurdo hacia ninguna parte… Entonces, lo siento. Siento una presencia nueva en la sala, algo desconocido, ignoto, inescrutable. Mi mente arde cuando se acerca a la suya, y comprendo en seguida que no es humano, o no del todo: está hecho de signos que no conozco, lenguajes que no osaría hablar, abismos que ningún hombre miró antes sin perder del todo la cordura. Me llama, de alguna forma me convoca, me mira horriblemente –sin ojos, sin luz-, me susurra al oído de manera impía, y entonces todo quema tanto que salgo despedido de él, aturdido, aterrado. Pese a mi confusión puedo percibir otras presencias menores arremolinándose ahora en la sala, corrientes espectrales de aire venidas de ninguna parte, que se dedican a destruirlo todo, como gremlins traviesos, tirando cuadros, rompiendo jarrones, quebrando los cristales de las vitrinas ante el pánico de los invitados. Entonces, todo se detiene. La luz vuelve, poco a poco, como si las sombras se fueran por un sumidero invisible. Lo primero que alcanzo a ver es Edgar, sorprendido en un gesto extraño, como el pase que ejecuta un hipnotizador para hacer volver a la realidad a su víctima. Enseguida recobra la compostura, el porte imperturbable. Pero me mira intensamente. Como mira el asesino a un testigo.
Entonces, oigo el grito. Es la actriz, de nuevo, y todos miramos donde ella. Entre los añicos de tantas cosas, objetos únicos que decoraban la sala y ahora la llenan de escombros, yace en el suelo un cuerpo inanimado. Antes de saber de quién se trata –mi mirada velada aún por algún jirón de sombra- noto un peso caliente en mi mano. Entonces todo es una sola cosa, un único movimiento admirablemente sincronizado, un macabro ballet a cámara lenta que comienza con las miradas de los invitados confluyendo en el cadáver de Doris Lovelock -el gesto exangüe, los ojos abiertos de par en par, la herida abierta en el pecho- y siguiendo el rastro de la sangre hasta llegar a mis pies, para ascender desde ahí con horror sobre el húmedo surco rojo que empapa mi ropa y mis manos, que gotea desde el cuchillo-reliquia que sostienen temblorosas, ajenas…
Entonces, entre mi estupor y los gritos de las mujeres, sólo puedo musitar:
Alistaire… ¿qué has hecho?

15 comentarios:

Julio Abelenda dijo...

Lo olvidaba. Paso el turno a José Luis. Sé que le tocaba a Malaletra, pero la aparición de un cadáver me fuerza a ello, jeje... A falta de CSI, José Luis es quien mejor (y con más placer) disecciona cadáveres de todos nosotros.
Perdón por la duración, pero al menos hemos salido de esa interminable escena de la lectura del testamento (y de paso ya tenemos un muerto que echarnos a la boca). Perdón también por el "párrafo único", pero en blogspot, en cuanto metes la foto pierdes el formato del texto. Imagino que el truco es darle formato antes.
Sí, ha sido un placer matar a un personaje. No hay nada personal en ello, jeje (si lo hubiera, habría matado al escriba). También es un placer desmontar toda la trama teosófica reduciéndola a "una colección de baratijas". Por favor, tened la misma libertad que yo he ejercido para darme por boca y contrariar también mi trama, si eso es lo que queréis. El monstruo debe reinventarse en cada entrega.
Un placer.

Rebis Dos Mil Siete dijo...

Cabroncete... ¡Mi pobre Doris!¿No os caía muy bien, no? ¿Hay algo de lo queno la hayáis tachado en estas dos entradas?
En fin... prepararos para ver a donde voy a mandar la trama tipo "diez negritos" y el puñetero Reino de Redonda. Mi venganza va a ser terriiiiiible

Julio Abelenda dijo...

Jejejejje... Eso es justo lo que esperaba. Un poco de pique, para animar el cotarro. Javi, desempolva al doctor Maligno (y a su mini-yo), que ya estamos todos temblando...

José L. Muñoz Expósito dijo...

2 opciones: o me dais tiempo hasta el domingo o paso-palabra.

Darme respuesta cuanto antes.

PS: Estoy en semana de evaluaciones...moito trabalho.

José L. Muñoz Expósito dijo...

Darme no, por Dios, dadme.

Julio Abelenda dijo...

Bueno, lo de siempre entonces... Se abre subasta pública: ¿alguien quiere cogerlo antes del domingo? ¿El caballero de la nube negra sobre la cabeza? ¿La dama de la eterna sonrisa? ¿El advenedizo de la última fila?
El domingo a la 1...
El domingo a las 2...
El domingo a las 3...
¿Adjudicado?

Rebis Dos Mil Siete dijo...

Estoy de acuerdo en que continúe José Luis, aunque sea el domingo. No obstante, si alguien se atreve antes...

Anónimo dijo...

Magnínifica ambientación la de esta nueva entrega. Mi imaginación acude en busca de fumaderos de opio frecuentados por esos personajes románticos y decadentes, con ese punto gótico...
Pero los gremlins... No podrías haberte acordado de algún otro bicho? Me suenan fatal en este relato. Cacofonía psíquica.

Fdo. Mente en el exilio.

Julio Abelenda dijo...

Jeje, cuánto daño hicieron Spielberg y cia a principios de los 80... La imaginación de quienes fuimos niños entonces (o sea, todos) ya ha sido marcada de manera indeleble. Léase este fragmento de "oh Dios salve a la Wikipedia":

Un gremlin es una criatura mitológica de naturaleza malévola y popular en la tradición sajona. El nombre gremlin proviene del inglés antiguo grëmian, que significa "mortificar o hacer enfadar". También está relacionado con grim, que quiere decir "cortar" y está enraizado con el término alemán grämen, "apenar".

Esta referencia tenía yo en mente a la hora de escribir. Anyway, describí el fenómeno como una corriente de aire espectral de ánimo destructivo, "como gremlins". Aun así, lo admito, la referencia puede ser un poco grimosa.

Me alegro de que te guste la atmósfera, señorita "mente en el exilio" ;-P. Temo que sea demasiado convencional para nuestra sección más "artiste", y me pregunto qué hará con ello el casi-desaparecido Malaletra cuando le vuelva a tocar el turno. Una pena que no puedas participar hasta que salgas de las garras de los exámenes...

Quintín, nene, anímate, anda... La situación planteada demanda un detective hiératico-Horatico, que mande a sus cachorros de CSI a recoger pruebas y se pase el capítulo entero haciendo posturistas y subiéndose-bajándose las gafas. Y eso sólo tú lo puedes hacer...

José L. Muñoz Expósito dijo...

Si mañana a las diez de la noche nadie se ha echao palante, recojo el guante y el domingo prometo continuación...

Agustín Lozano de la Cruz dijo...

Esto se anima... un par de puntualizaciones:

1. Creo que no se dice en ninguna parte que la malograda Doris sea actriz. En la primera entrega se habla de que hay una actriz presente pero Javi no dijo que Doris fuera ella.

2. Julio, estaría bien que editaras la entrada y pusieras el nombre de tu mentalista en negrita al comienzo, como han hecho los demás con sus respectivos personajes. Así queda claro quién narra en cada momento, y se asume que cuando no hay nombre el texto pertenece al "narrador principal", es decir, al escriba Gawsworth (hasta que te lo cargues, so bruto).

Lo de gremlins está bien teniendo en cuenta su verdadero origen, a mí también me rechinó pero no tenemos culpa de que Steven haya cortocircuitado la mente de media humanidad. Y si no, siempre puedes cambiarlo por leprechaun :D

Julio Abelenda dijo...

Dos puntualizaciones a las puntualizaciones:
1- Claro que Doris no es la actriz. La actriz grita señalando el cadáver de Doris. Además, Klyendhar dijo que quería encargarse de ese personaje. Sería demasiado cruel matarlo antes de darle la oportunidad, jeje.
2- Me da pereza editar la entrada, jeje... Además, José Luis tampoco lo hizo. Las cuestiones formales son las menos importantes. Sobre todo cuando a tu personaje le quedan dos telediarios... Anda por ahí un espíritu vengativo que quiere encargarse de nosotros, y como yo ya autoimpliqué a mi personaje en el asesinato... Sólo quedas tú. Razones, a Javi.

José L. Muñoz Expósito dijo...

Asumo entonces. Hasta el domingo.

Anónimo dijo...

Sabía de los orígenes mitólogicos del Gremlim, Sr. Julio, pero aún así... Tié usted razón, cuánto mal ha hecho Spielberg...
Sres, recordarles que mañana a las 21:30 tenemos una cita en la que confío podamos brindar con absenta. Representaré para ustedes durante la cena a mi actriz, mientras no pueda proporcionales material estilográfico...

Julio Abelenda dijo...

Eso, eso, Klyendhar, represéntala... Aunque teniendo en cuenta la imagen que tenía de la actriz, mejor me haces un pase privado, jejejeje.... ¡¡¡es broma!!! (para lo que ha quedado este blog... para las insinuaciones sexuales... ¡¡prohombres, padres de la patria, volved!!).
Estaré en la cena, venganza de lord Painsworth mediante.