
No tengo nada claro que fue lo que me impulsó a traducir en voz alta los vocablos latinos. El caso es que todas las miradas parecieron converger sobre mí, y entonces deseé más que nunca volver a mi tundra helada, a la soledad de mi cabaña y la desolación de mis recuerdos. Todo el mundo allá me cree muerto, y hacen bien. El cadáver que encontraron en 1941 no era el mío, evidentemente. Una descongelación rápida tras cinco meses bajo el lago hace desaparecer los rasgos de cualquiera.
Recuerdo cómo Painsworth llegó agotado a los pies de mi cabaña, arrastrando las negras botas por la nieve. Quizá fuera el invierno de 1930, y no puedo negar que su recia cara fuera para mí la mejor fuente de inspiración para el Mr. Winter de En los Muros de
Painsworth se quitó los guantes con parsimonia aristocrática para calentarse las manos en la chimenea y me dijo que venía a pedirme un favor. Yo le contesté que quién coño le había hablado de mí. La verdad es que yo no estaba para zarandajas, nunca he sido muy sociable y menos desde la muerte en el hielo de toda mi familia. La sangre india que corre por mis venas por causa de mi madre me hace recelar de los hombres blancos ricos.
Se giró y me miró con sus ojos profundamente azules. Me dijo que las cosas iban a cambiar en breve, en todo el mundo, y que me necesitaba. Yo le volví a decir que por qué a mí. Me contestó que yo vivía en el lugar más inhóspito y dejado de la mano de Dios de todo el Canadá y que tendría que guardar, que esconder, algo. El maldito hijo de puta sabía lo que hacía, sabía perfectamente que yo no me negaría. Dijo que tenía amigos en los periódicos, en especial en
Hizo una señal al mayordomo, el cual sacó una pequeño arcón de madera con las iniciales PW. A una seña suya lo abrí, y me encontré con un diamante tan grande como un huevo de paloma. Painsworth lo miró, como recordando otros tiempos, suspiró y me dijo que el día que muriera me avisarían para devolver el pedrusco. Luego se dispuso a marcharse. Unas reminiscencias de hospitalidad india me indujeron a hacerle a mi vez un regalo: Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino, libro que no llegué a leer, ni antes ni después de entregárselo.
Después llegaron el éxito, el dinero, mi propia muerte –simulada- para escapar de la cabaña del lago por culpa de los nazis en 1941. Buscaban el diamante, estoy seguro. El cabrón de mi biógrafo, Mr. Vulture, también. He vivido, con el dinero que rentaban mis libros, en Québec, en Nueva York y en Río de Janeiro. Allí me llegó la carta de Philbys:
“Ms. Jean-Yves LeTrauxelle
Rua Sa Ferreira, 45
Río de Janeiro, 22071-100
Brasil
Septiembre de 195..
Estimado Mr. LeTrauxelle, Mr. Painsworth ha fallecido esta mañana. Le esperamos en la isla. En el box 13454 de la estafeta de correos encontrará los billetes y las instrucciones. No olvide traer lo que sabe.”
Y aquí estoy, con mi mano encima de la bolsa negra del diamante y todas estas miradas horribles encima de mí mismo, mientras los ecos de mi traducción latina se pierden en las reverberaciones de la habitación.
Continúa. Javier Benítez
12 comentarios:
¡¡Estupendo!! Esto va cobrando forma... Más misterios que añadir a los ya existentes, a medida que los comensales (a la mesa del muerto) van desvelando sus motivos... Me encanta.
Mañana te lo comento un poco más. De momento, estoy entusiasmado.
Es el mejor regalo que podrías haber hecho al relato en forma de aportación, jl, me encanta.
Sabes de mi debilidad por el escritor canadiense, que incluso llegué a buscar. Ahora le das vida propia y esclareces las circunstancias de su presunta muerte. Genial.
Además, el giro linguístico que otorga el personaje al relato es perfecto, un tipo de la tundra canadiense, que aunque cultivado habla casi tal y como piensa y que no está pa tonterías. Interesante y necesario contraste en relación con los otros personajes, voces distintas.
Fantástico.
Para serte sincero: no parece que "Dos Familias" y esta nueva aparición de LeTrauxelle hayan sido paridas por la misma mano.
Me quedo con la mano helada.
Saludos
Chicos, me temo que hasta el lunes o el martes no va a poder haber continuación. Mañana empiezo mi semana laboral y será el lunes tempranito cuando pueda ponerme con el asunto.
Ya sabes que yo soy bisexual, L.
Javi, aprovecha la soledad y la sordidez de la pensión para escribir. Te aseguro que inspira. Ese olor a rancio, ese horrible papel pintado, esa familia casi disecada a la mesa... Recuerdo mis tres meses en Cáceres con (siniestro) deleite.
También, escribir a mano puede ser interesante, ¿no?... Para tanto cachorro de lo virtual como nosotros, es toda una prueba. Igual te sale algo distinto de lo habitual. Algo inesperado.
Dos cosas admirables al asomarme:
-Apreciar vuestro entusiasmo
-Disfrutar con el engarce divertido y espontáneo con el que va surgiendo la historia.
El contraste introducido con el frescor de la tundra ha sido un acierto, reforzando la atmósfera tenebrosa del encuentro presente.
Por aquí seguiré, esperando.
¡¡¡Dadle una entrega a Gela, ya!!!
deseo mi posición de lectora
agradeciendo su entusiasmo, Julio.
Celebro esta entrega y la anterior, no profundizan apenas en la trama (¿hay trama?) pero aportan gran colorido y diversidad, que es la mayor virtud de este juego. Siento perderme un tanto en las referencias, sobre todo en las de consumo interno (no tengo a mano la primera ODK, sólo guardo un grato pero difuso recuerdo del diario de Johann Wolf; y no tengo la menor idea de quién es LeTrauxelle, en todo caso me gusta que uno de los personajes sea un escritor de éxito que ha simulado su propia muerte).
Constato que el juego tiene innumerables posibilidades.. qué gran idea!!
Agustín, prueba www.mntcr.blogspot.com, la entrda es del 10 de septiembre de 2007. Los comentarios también juegan en esa entrada.
¡¡¡Dadle una entrega a Agustín, ya!!!
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